lunes, 26 de enero de 2009

PARA H.

Te encontré cuando lo tenía todo perdido,
cuando todo lo que contruí lo hacía destruido.
Llegaste a indicarme el camino,
a guiarme en la vida, a cambiar mi destino.

Me ayudaste a levantarme cuando caì derrotado,
me sacaste de las llamas, me salvaste de ser abrasado.
Hiciste que renaciera en mí la esperanza,
y fue gracias a ti que recuperé la confianza.

He descubierto el significado de la palabra amistad,
he comprendido al fin el hecho de jurar lealtad.
Sin duda, mi mayor acierto fue el haberte conocido,
de hablarte aquel día jamás estaré arrepentido.

Nadie nunca había puesto tanta atención en mì,
sin proponertelo me obligas a que me acuerde más de ti.
Estoy seguro de que no tendré que decir que me equivoqué contigo,
por eso una vez más te doy las gracias por estar conmigo.

viernes, 23 de enero de 2009

MIENTEME

Ya no me tocas como quiesiera que me tocaras
ya no me hablas como quisiera que me hablaras
ya no me miras como quisiera que me miraras
ya no me besas como quisiera que me besaras

Ya tus manos no me buscan en la noche
ya tu voz no dice más mi nombre
ya tus ojos no irradian la luz de antes
ya tus labios los noto distantes

Acaso ya no sientes nada por mi?
Dime si lo mismo que viste en mí, es la razón de estés así?
Mienteme y dime que aún me amas.
Prefiero una mentira que me haga feliz, a una verdad que me haga sufrir.

jueves, 22 de enero de 2009

AYER

Ayer, en la oscuridad de mi habitación solamente quería escuchar tu voz, que me anestesiaras con tus palabras y no sentir más dolor. Que ahogaras mi silencio con sonido de tu respiración.
Ayer, deseé más que nunca que estuvieras a mi lado, que me sostuvieras en tus brazos, que atraparas mis lágrimas con tus manos. Tu mirada siguiendome, fuera mi única sensación.
Ayer, quise un momento que jamás llegó, un momento que viví en mi imaginación.
Que sirvió para darme cuenta que no eres más que mi más hermosa y perpetua ilusión.

AQUI

Otra vez tratando de verte, busco algo que me haga creer que estás aquí.
Ellos están equivocados, dicen que te has ido.
Pero estoy convencido que todavía estás conmigo.
No te dejaré ir otra vez, no ahora que has venido y nunca sentiré dolor.
No estaré sólo, ya no.
Vivo otra vez, yazco a tu lado, pienso que tú y yo podríamos estar juntos
por siempre soñando más que nunca, amando más que nunca,
sabes que puedo sentir esto por siempre.
Así que no te irás más de mi lado, no ahora que has venido y nunca sentiré dolor.
ya no estaré sólo, ya no.

PERDONAME

Nunca fue mi intención herirte
ni mucho menos hacerte llorar.
Si supiera al menos que fue lo que dije,
y lograr q olvides lo que dije.

Perdón, no quiero perderte
no quiero que te alejes,
regresa a mi.
Perdón, estoy arrepentido
yo sin ti no vivo,
tú me haces feliz.
Perdóname.

Me había negado tantas veces al amor,
tú me convenciste de darle otra oportunidad
tenía mi corazón en una caja de cristal
hiciste que latiera sin temor.

Perdón, no quiero perderte
no quiero que te alejes,
regresa a mi.
Perdón, estoy arrepentido
yo sin ti no vivo,
tú me haces feliz.
Perdóname.

Por ti rompí mi pacto con la luna de no enamorarme nunca más
Por ti se curaron las heridas del pasado, esas que me hicieron renunciar a amar.
Por ti recuperé la confianza en los demás, fue por ti que no volví a llorar.

Perdón, no quiero perderte
no quiero que te alejes,
regresa a mi.
Perdón, estoy arrepentido
yo sin ti no vivo,
tú me haces feliz.
Perdóname.

Si en algo te fallé, por favor perdóname

lunes, 19 de enero de 2009

WHEN RAIN FALLS

When rain falls
I can't help thinking of you
I still remember your smell
Each raindrop scars on me

When rain falls
I can hear your voice again
your eyes they seem remain
I feel them looking at me

When rain falls
I believe I can touch you
but when I try to hold you
I realized I lost you

And when rain falls
I wish you were here
and wipe away my tears
you're everything I need
you have been the only one for me
and I miss you.

lunes, 12 de enero de 2009

SABINE

Eran las ocho de la noche y nevaba en Paris. Era tanto el frío que hacía que las fogatas no daban abasto para los mendigos que estaban en la calle. En uno de los edificios del centro vivía Etienne Bouillot, un joven estudiante de literatura. Había llegado de provincia a estudiar a la capital y había rentado una habitación. La habitación era pequeña, Etienne tenía lo estrictamente necesario, una cama, una mesa, un par de sillas, un ropero y una vieja lámpara que se había encontrado en uno de los pasillos del edificio. Y en una de tarde de invierno que conoció a la mujer que sin pensarlo se convertiría en el amor de su vida. Una preciosa joven había entrado al restaurante; una mujer de piel blanca y una cabellera que le caía hasta los codos. Su cabello negro hacía contraste con la nieve de lascalles, pero era aún más bello el contraste que hacían su cabello y sus grandes ojos azul aguamarina. Su mirada captaba la atención de cualquiera y Etienne no fue la excepción. Ella era Sabina Soulary, la hija del conde de Lorena, quien estaba en la ciudad acompañando a su padre en un viaje de negocios.
Etienne pensaba en como acercársele a aquella linda señorita, cuando en un descuido ella se fue. Etienne pensó que más nunca la volvería a ver. Afortunadamente para Etienne, aquella preciosa dama había olvidado una agenda en una de las sillas, la tomó y la guardó con la esperanza, con la ilusión de que ella regresaría a buscarla al día siguiente. Y así fue, Sabine llegó en la mañana buscar su agenda, pero el dueño del restaurante le dijo que el muchacho que la tenía no llegaba sino hasta las dos de la tarde.
Cuando Etienne llegó a trabajar Sabine lo estaba esperando, y apenas lo vio; no le dio tiempo de hablar y le pidió que por favor le entregara lo que buscaba, porque allí tenía anotado todo lo que tenía que hacer en la ciudad; fechas, nombres, direcciones, teléfonos, etc. Sabine al ver que Etienne no decía palabra se disculpó, le dijo su nombre mas no le dijo quien era. Etienne la invitó a sentarse y a que tomara un café, Sabine aceptó.
Sabine y él hablaron por horas. Desde aquel día Sabine llegaba al restaurante, y cada uno se perdía en la mirada del otro. Pero había llegado el día en Sabine debía volver a Lorena. En la noche, Etienne no pudo dormir, y desde que Sabine partió, Etienne comenzó a escribirle cartas, cada vez que podía se sentaba a escribir, hasta en la noches se desvelaba haciéndolo.
La primavera llegaba a Paris, y Etienne tenía cuatrocientas páginas escritas de memorias, cuatrocientas páginas de confesiones, cuatrocientas páginas de amor de amor a Sabine.
Para ese tiempo se celebraba en la casa Soulary un evento sin comparación en el condado de Lorena, el matrimonio de Sabine y Helmut Striedinger, hijo del conde de Freiburg.
Etienne había sido animado por profesores y amigos a publicar sus escritos, lo pensó mucho pero se decidió a publicarlos y lo hizo bajo el nombre de “Cartas a Sabine”. Etienne se volvió muy conocido en la ciudad gracias a la aceptación de su libro en la alta sociedad parisina y era el invitado especial de muchas reuniones. En muy poco tiempo “Cartas a Sabine” se publicó en toda Francia y Etienne se hizo famoso en todo el país. La noticia traspasó las fronteras de Francia, hasta tal punto que Helmut, el esposo de Sabine, invitó a Etienne a cenar en la casa Stridinger y a conocer a su esposa, a quien le había regalado una copia del libro; pues Sabine era amante a la literatura y como el libro tenía su nombre, le pareció muy acertado obsequiárselo. Helmut no tenía idea de las consecuencias que podía traer esa invitación. Y Etienne aceptó sin saber que el reencuentro con su amada estaba cerca de suceder.
Cuando Etienne llegó a la casa de los condes de Freiburg, los demás invitados estaban esperándolo en el salón principal, toda la elite alemana se encontraba reunida allí para conocer al reconocido Etienne Bouillot. El mayordomo anunció la presencia del invitado de honor y todos concentraron sus ojos en Etienne y aplaudieron al unísono. Enseguida fue abordado por Helmut, que lo guió a donde se encontraba su esposa, en el centro del salón, de pie, Sabine tenía en sus manos una pluma y el libro que Helmut le había dado. Ella sabía que ese libro estaba dedicado a ella y conocí perfectamente a su autor.
Cuando Etienne vio esos mismos ojos azules aguamarina que había visto en el invierno en Paris, quedó atónito, no podía creer que era ella; la mujer que había robado su corazón, la razón del libro que ella sostenía en sus manos. Sabine con sus ojos casi ahogados en lágrimas apartó la mirada dirigiéndola hacia el suelo, y Etienne con una reverencia firmó el libro y tuvo que hacer su mejor esfuerzo para sonreír y fingir que aquella mujer que tenía en frente era absolutamente extraña para él.